ESTAMPAS, HECHOS Y COSTUMBRES DEL PUEBLO

 

Como todos los pueblos, Tepetongo ha tenido una gran historia, por su forma de vida, hay grandes recuerdos de alegría y porque no decirlo, también de tristeza. Pero lo que sí es cierto, que esto que voy a escribir para recordarlo ya no se repetirá jamas, porque los personajes de quien hablo, en su mayoría ya murieron y sólo queda el recuerdo de lo que hacían.

 

Las fiestas más notables en el pueblo eran el día 3 de mayo, el día de San Juan y el 24 de diciembre. El 3 de mayo se festejaban primero a la Santa Cruz, con una procesión donde llevaban del templo a la ladera sobre los hombros a la Santa Cruz. Para esto Don Pedro Márquez se lucía con la pólvora que consistía en los cohetes y sus famosas “Cámaras” que producían un trueno como el de un cañón. Toda la gente del pueblo ocurría a este evento y cooperaban para pagar la música. Esto se hacía por la tarde y cuando ya regresaban, empezaban los festejos de los adoberos y albañiles. Don Manuel Frausto era el encargado de este festejo que consistía en gran baile que hacían en la joyita, donde había mucho pasto que servía de alfombra para los bailadores. Este señor también el sábado de gloria hacía una gran pachanga con los adoberos, hacían un judas pera quemarlo. Esto consistía en un mono de papel crepé que por dentro estaba lleno de cohetes, lo dedicaban a algún personaje del cual tomaban sus facciones y al quemarlo se tornaba en ocasiones como una ofensa, después era el baile con “tomada” para todo mundo gratis.

 

LAS CÁMARAS DE DON PEDRO MÁRQUEZ

 

CÁMARAS. Una palabra que hasta hace pocos años al mencionarla en Tepetongo simbolizaba un trueno muy fuerte hecho por Don Pedro Márquez, con el fin de acompañar las procesiones con cohetes y cámaras.

 

Estas cámaras estaban construidas de la siguiente manera: Don Pedro tenía una especie de botes de acero con las paredes muy gruesas y que en el fondo a un lado tenían un agujerito pequeño donde colocaban una mecha. Luego le ponían cierta cantidad de pólvora y sobre de esta ponían cantera semihúmeda, la cual era prensada con cuidado. Ya elaboradas dichas cámaras, antes de la procesión se iban colocando cerca de donde pasaba ésta. También colocaba las ristras de cohetes que consistían en unos 50 truenos al mismo tiempo y luego le prendían la mecha a la cámara que era un trueno muy fuerte.

 

La fiesta de San Juan era lo máximo en el pueblo. Daba inicio con el novenario, en el que diario al medio día había una peregrinación, en la que participaban uno o dos ranchos y algún un sector del pueblo. Para esto se hacían los carros alegóricos (presentación de alguna estampa de San Juan por los vecinos del pueblo vestidos según el personaje que representaban, esto lo hacían sobre un carretón o troca si la conseguían.

 


Carro alegórico. Día de San Juan Bautista.
 


Carro alegórico. Peregrinación.

 


Carro alegórico a cargo de Don Elías Ávila hecho de pino y flores de sotol.

 

En dicho acto las gentes llevaban velas o flores y rezaban el rosario. Nadie olvidamos los cánticos de las señoras de San Antonio y de Víboras por el fervor con que lo hacían.

 

La gran fiesta era el 24 de junio, al medio día la peregrinación con mucha participación de la gente. Don Pedro Márquez con su danza era un espectáculo, porque él como director, se autonombraba el viejo de la danza. Su atuendo era una máscara, una pechera de cuero, unos huaraches que hacían mucho ruido, una muñeca de trapo en la mano izquierda y en la derecha un látigo o chirrión de cuero bruto con el cual si nos descuidábamos nos daba un latigazo. Los danzantes traían una nagüilla roja con hiladas de carrizos y en la punta de cada uno tenían un colorín. La camisa era igual, en la cabeza traían un penacho con plumas de colores y los huaraches también hacían mucho ruido.

 

En el jardín se instalaba el volantín que tenía caballitos y bancas. Este giraba cuando los muchachos le empujaban y cuando ya estaba girando recio, los dejaban subir pero sólo parados y agarrados de una varilla. En el portal había puestos y los juegos como ruleta y trompos para apostar a un numero o color rojo o negro.

 

En otro lugar del jardín ponían una carpa con la lotería, al centro ponían los artículos que rifaban, alrededor unas tablas y bancas para que los que jugaban se sentaran. El corredor decía con un grito: «¡¡ ESCOJAN SUS TABLAS POR QUE VAMOS A RIFAR UNA CUBETA O CUALQUIER OTRO ARTICULO!!» Cuando ya todo mundo había escogido su tabla empezaban a barajar las cartas y luego le pedían a alguno de los presentes que la partiera. Ya partida dicha baraja empezaba el gritón: «¡ EL QUE LE CANTO A SAN PEDRO NO LE VOLVERA A CANTAR, ¡EL GALLO!» y la gente que tenía el gallo le ponía su tabla un granito de maíz. Volvía a gritar: «¡EL QUE SE COMIO EL AZUCAR, ¡EL NEGRITO!», «¡EL QUE ESPERA DESESPERA YA NO ME HAGAS ESPERAR, ¡LA PERA!», «¡HAY CHIHUAHUA CUANTO APACHE CUANTO INDIO SIN HUARACHE, ¡EL APACHE!», «¡LA COBIJA DE LOS POBRES, ¡EL SOL!», «¡EL QUE NACE PA´ MACETA NO SALE DEL CORREDOR, ¡LA MACETA!», «¡EL CASO QUE TE HAGO ES POCO, EL CASO ES AVERIGUAR, ¡EL CAZO!»... De pronto se escuchaba entre los presentes una voz que decía ¡BUENA!, luego iba el corredor y revisaban gritando: ¡EL GALLO, EL INDIO Y EL SOL! ¡ BUENA Y SE LA LLEVÓ! y empezaba de vuelta: CAMPO Y TABLA SEÑORES, CAMPO Y TABLA SEÑORES, ya cuando estaban listos los que jugaban volvía a gritar CORRE Y SE VA...

 

En estos días todo era una gran fiesta para darle culto al santo del pueblo. La iglesia lucía con los arreglos que para esta fecha se hacían, con hilos torcidos con barba de pino que colocaban dentro y fuera de la iglesia y en los remates se adornaba con flores hechas de lechuguilla. Este adorno daba mucho lucimiento pero también el olor que despedían estas hierbas era único.

 

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