Testimonio de Semana Santa en Los Aparicio

En la reciente Semana Santa, en la comunidad de Los Aparicio, Zac., he vivido una de las experiencias más gratas de mi vida diaconal. Ello me ha llevado a reflexionar sobre el misterio de la presencia de Dios entre nosotros y reconocer cómo La Palabra se hace viva entre sus hijos.

En las palabras de Jesús siempre hay una promesa: “La viña no será destruida”. Mientras abandona a su suerte a los viñadores infieles, el Propietario no renuncia a su viña y la confía a otros servidores fieles. Esto lo pude ver con mis propios ojos en esta comunidad (imagen de una viña); la fe de estas personas permanece firme, quizá sencilla, pero fieles al Señor, a pesar de no contar con la celebración de la liturgia todos los días.

En Los Aparicio pude darme cuenta la disponibilidad que tienen las personas en recibir y practicar la Palabra. Con gusto reciben el amor de Dios en la Comunión. La atención y el servicio que recibí de los habitantes fue algo impresionante, diferente a lo que he visto y vivido en Estados Unidos, quienes han perdido su fe y vocaciones por estar envueltos en la influencia de lo etéreo y destructor de la cultura moderna.

Contrario a quienes señalan o afirman que “Dios ha muerto” y se declaran a sí mismo “dios”, artífices de su propio destino o propietarios de mundo, en estas comunidades, sin embargo, se vive la fe con más intensidad y entrega. Al convivir con las familias, jóvenes y niños en la liturgia de Semana Santa compruebo que en Jesús toda la Escritura llega a ser audible, visible, palpable y, sobre todo, puesta en práctica; eso los hace actuar como verdaderos hijos de Dios.

Dentro de las celebraciones litúrgicas que dirigí, me di cuenta que somos estos "labradores" y que estamos, injertados en Cristo, que quiso convertirse él mismo en la "verdadera vid". Pidamos al Señor, que nos da su sangre, que se nos da a sí mismo en la Eucaristía, que nos ayude a "dar fruto" para la vida eterna y para nuestro tiempo.

 

Fraternalmente; Diac. Juan Alejo

 

El recordar mi experiencia de misión de Semana Santa me hace volver a revivir esos gratos momentos en la comunidad de Los Aparicio, localizada en el estado de Zacatecas. Esta experiencia la viví junto con el diácono Juan Alejo, quienes fuimos enviados a dicha comunidad mencionada arriba.

 

Empezaré diciendo que para mí era la primera vez que iba de misión fuera de la ciudad, pues en los años anteriores fui asignado a algunas parroquias de la ciudad de México.

 

Por eso, ésta era mi primera experiencia en una comunidad rural, de la que puedo decir, que me gustó el estar allá, apoyando a la comunidad en los actos litúrgicos de Semana Santa.

 

Estuve contento, apoyado por las personas de dicha comunidad; me sentí como en casa. Fue una semana intensa y llena de actividades y de convivio con sus habitantes, quienes fueron muy amables con nosotros.

 

Con lo que me quedo de esta bonita experiencia es la calidez y sencillez de sus habitantes, quienes se quitaban el pan de la boca para ofrecérnoslo a nosotros los seminaristas. Doy gracias a Dios por esta bonita experiencia y pido a Dios por ellos. 

 

Seminarista

Jorge Arriaga, 3° de Filosofía

 

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