TESTIMONIO DE LO VIVIDO EN BUENAVISTA, TEPETONGO, ZAC.



Estuve acompañado durante toda a Semana Santa por dos seminaristas del Seminario Hispano en Buenavista. Ellos son Arturo Bazán, de 1º de Filosofía, y Eduardo Pruneda, de Pre filosofía.

Por mi parte, mi lugar de residencia en Buenavista fue con Don Santos Villegas y Doña Pancha Aparicio, quienes en todo momento se mostraron hospitalarios. En los Aparicio estaban también otros dos seminaristas; otros dos en Víboras, pero asistidos por el P. Cheo. Entonces, me trasladaba de Buenavista a Los Aparicio para allí también celebrar los actos litúrgicos, visitar a los enfermos y apoyar a los seminaristas.

Llegamos el sábado, víspera del Domingo de Ramos. Ya estaba programado iniciar ese día con la Misa por la tarde y a partir de ese momento dar los avisos de toda la Semana Santa.

Realmente fue una experiencia bella, llena de expectación para todos, para la gente de ese lugar, para los alumnos y más para mí. 

Esta es la segunda vez que visito esta agradable comunidad; la ocasión anterior fue hace 3 años y acompañado de 10 seminaristas en el mes de mayo. Recuerdo muy bien que en aquella ocasión el entonces Sr. Cura Guadalupe Solís me advirtió: 'Es una comunidad difícil, un poco abandonada por nosotros, que le falta mucha evangelización y tienen la presencia de los hermanos separados; ojalá te vaya bien...' Con el paso del tiempo le dije al P. Solís y ahora al Sr. Cura Memo ¡Gracias a Dios, esa vez y ésta nos fue muy bien! Todos quedamos contentos.

Las actividades fueron aumentando al paso de los días. El Domingo de Ramos iniciamos con una procesión desde un lugar cercano al templo, desde el puente recién construido, al que denominé Providencia, porque permite superar los diluvios y mantener unida a la comunidad. Se acercó un buen número de personas, que fue incrementándose cada día que pasaba.

Ya para los días, lunes, martes y miércoles santos teníamos programadas reuniones con niños por la mañana y por la tarde con jóvenes y adultos. Esos mismos días hubo Rosario a las 7 de la mañana, recorriendo las calles y terminando en el templo. La Misa también fue matutina lunes y martes después del Rosario.  El miércoles no hubo Misa, porque yo asistí a la Catedral de Zacatecas acompañado por el Sr. Cura de Tepetongo, P. Guillermo Lara. Allí se reunieron los sacerdotes de la diócesis de Zacatecas y celebramos junto con el Obispo Jesús Carlos la Misa Crismal y la institución del sacerdocio. Comimos en un estupendo edificio colonial del obispado. Por la tarde visité a los alumnos en Víboras y organizamos pequeños detalles pendientes en ese lugar.

El lunes santo me acompañó a visitar a todos los enfermos de Buenavista el Sr. Santillos, como le dicen varias personas, quien está encargado ahora de la capilla. Siempre será grato visitar a los enfermos que no pueden ir al templo por razones de edad, por enfermedad o por alguna causa especial. 

Me llamó la atención que visitamos a enfermos de extremos a extremo en esa silenciosa comunidad; fuimos caminando hasta la puerta de los alamitos, bajo un calor de 32º, porque allí nos esperaban dos ancianitos.
 
En otra parte, en una casa donde no son católicos los hijos, la mamá recibió la unción de los enfermos y la comunión. Los pocos familiares no católicos y presentes, se mostraron siempre respetuosos.


Aquí una en Buenavista una de mis 'credenciales' de presentación fue que yo era nieto de los abuelos Salvador Flores y Cuca Castañeda, quienes fueron Administradores en la Hacienda de Buenavista, además sobrino-nieto de María Castañeda, quien fue maestra de varios niños y ahora adultos mayores. En algunas sesiones le ayudó mi mamá Lupe Flores; esto lo refirieron algunas personas.

El resto de los días santos fue mas intenso el trabajo y mucho disfrute el jueves la Misa del lavatorio de los pies, con los 12 apóstoles y la institución de la Eucaristía.
 
Ese día jueves a las 8 de la mañana convocamos a los jóvenes en la cancha de basquetbol. Esperábamos a hombres y mujeres para jugar un rato. A la hora señalada sólo habían 3 hombres y 3 mujeres. Yo estaba confiado en que poco a poco llegarían los demás.
 
Le pedí la pelota de básquet a un joven y empecé a botarla, con la conciencia que con el sonido del balón llegarían los demás. Así fue; se integraron 60 hombres y mujeres; pasamos hora y media de intercambio deportivo finalizando todos con una oración ese momento. Creo en la juventud y apuesto por ellos en todo momento. Sólo hay que darles elementos de crecimiento y atención personalizada. 

El viernes hubo el viacrucis por la mañana desde el templo hacia la cruz que está en la parte alta de Buenavista; estando en ese lugar el camino de retorno lo aprovechamos haciendo la meditación de las 'Siete Palabra'.
 
Ya por la tarde fue la Liturgia de la Palabra, con la lectura de la Pasión, la adoración de la cruz y la procesión del silencio.
 
El viernes santo fui al camposanto para acompañar a los familiares del recién fallecido Carlitos Sánchez. Hice una oración en su tumba y bendije un crucifijo que le pusieron sus parientes. Me sorprendió que allí se junto mucha gente: eran como 200 personas y eso que solamente era una oración sencilla después de la procesión de su casa hasta el camposanto. Por supuesto que en toda la semana pedí por los otros 3 jóvenes que fallecieron con Carlitos. Salí rápido de allí porque ya me esperaban a las 7:30 p.m. en los Aparicio.
 
El sábado de gloria si que fue una fiesta en el momento de la vigilia pascual. La Misa fue bella, pausada, con muchos signos y símbolos que iba explicando a las personas. Los cantos bien entonados por parte del bello coro compuesto por puras mujeres y un sólo varón. En varios momentos los apoyó el seminarista Eduardo, quien toca la guitarra y anima mucho con su personalidad.

El domingo fue la última Misa y la despedida a través de un convivio en el atrio. Creo que todo esto fue una bendición para todos, para cada persona que nos ayudó con sus talentos, con sus alimentos en sus casas y muchos colaboradores en las lecturas, en los cantos y con su sonrisa, su atención, su amabilidad. No cabe duda que estas son semillas abundantes de gente buena en ese querido estado de Zacatecas. Claro, nosotros también fuimos bendecidos por estos eventos y nos quedamos con un gratísimo sabor de boca.

Todo el conjunto de lo vivido fue un momento muy bello en cada instante y reconozco que también fue intenso el trabajo pastoral. Algo similar fue en Los Aparicio, pero con sus características propias. Allí conocen mucho a mi tío Miguel Flores, quien se casó con Valentina Aparicio; también conocen a los queridos abuelos, Salvador Flores y Cuca Castañeda.

Gloria a Dios por estos trabajos que me comprometen a seguir siendo mejor cristiano y construir ya el futuro en medio de las adversidades.

P. Rodrigo Benítez Flores.
Rector del Seminario Hispano
www.seminariohispano.org.mx